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¿CÓMO AFECTA EL T-MEC A LA INDUSTRIA AUTOMOTRIZ?

Por:Cuitláhuac Pérez Cerros

En días pasados se firmó el nuevo Tratado Trilateral de Libre Comercio de América del Norte, en esta ocasión su nombre es T-MEC. Después de varios meses de negociaciones que pasaron por muchas altas y bajas, al fin el pasado 30 de noviembre, los presidentes de México, Canadá y Estados Unidos firmaron el USMCA. 

Uno de los temas que quedaron inconclusos a pesar de que ya está firmado el nuevo T-MEC es el de los aranceles impuestos por la administración de Trump, del 25 por ciento a la importación de acero y 10 por ciento al aluminio. Es un asunto que se tendrá que concluir a la brevedad.

Uno de los temas importantes que el T-MEC toca respecto a la industria automotriz es el de las reglas de origen. El TLCAN exigía que al menos un 62.5 por ciento de la producción de un automóvil se llevara a cabo en alguno de los tres países suscritos al tratado, ahora el nuevo pacto contempla que ese porcentaje sea de 75 por ciento. Además, Estados Unidos empujó la iniciativa para que dentro del tratado se contemple que entre el 40 y el 45 por ciento de un auto fabricado en territorio de alguno de los tres países, debe ser fabricado por empleados que al menos ganen 16 dólares por hora.

En la negociación del tratado comercial, México, Estados Unidos y Canadá acordaron que 70 por ciento del acero que se use para la fabricación de autos debe ser de origen regional. Esta regla se debe cumplir en un plazo de siete años, algo que dificulta las cosas para México, debido a que no importa mucho de Sudamérica. La preocupación por parte de la industria es que en el país no hay capacidad de producir planchón de acero, necesario para la producción de autos. 

Economistas y expertos del sector automotriz piensan que el T-MEC provocará que aumenten los precios de los automóviles en los Estados Unidos, especialmente en los autos pequeños que se producen en México.

Nuestro país pudo haberlo hecho mejor, sin embargo cometió varios errores durante el proceso de negociación, se equivocó desde el inicio al negociar de forma bilateral con Estados Unidos y dejar de lado a Canadá, ya que pudieron empujar juntos las demandas del país vecino. Los beneficios para Estados Unidos son más políticos que económicos, pues el impacto del T-MEC en el PIB sería de apenas 0.35 por ciento durante los próximos seis años, mientras que únicamente se generaría alrededor de 176 mil empleos, y para la economía más grande del mundo es muy poco. 

El equipo negociador de México en el tratado comercial T-MEC con Estados Unidos y Canadá admitió haber cedido en cuanto al origen del acero de los componentes de la industria automotriz, pero no en la presencia de inspectores extranjeros en el país.

El negociador mexicano reveló que “el concepto de inspectores”, que se entendía como una violación de la soberanía mexicana, quedó “total y completamente fuera”. En su lugar, se crea un mecanismo de solución de controversias formado por jueces de los diferentes países del tratado, que resuelvan denuncias por incumplir aspectos contemplados en el documento.

Todo terminó como empezó: La precarización del mercado laboral se convirtió en uno de los temas centrales de la negociación del T-MEC. El apretón llegó tanto por parte del presidente de Estados Unidos como del Partido Demócrata, ambos liderazgos consideran que la situación de los trabajadores en México es una competencia desleal que deben eliminar.

La tensión provocó una reacción que el Gobierno Mexicano no calibró adecuadamente respecto al tema de los agregados laborales que enviará Estados Unidos. Lo anterior es fruto de no contar con un programa integral que garantice mejores condiciones para todos los trabajadores mexicanos, después de la negociación y la renegociación, el marco legal establecido en el T-MEC no contiene programas de capacitación, incremento de productividad, financiamiento o una ruta crítica para desarrollar mejores condiciones laborales, básicamente tiene mecanismos de sanción.

La espada de Damocles que pende sobre los sectores estratégicos de la industria en México es renunciar a la presunción de inocencia, si una parte demanda a otra por no cumplir con las condiciones laborales adecuadas, el panel que se integrará para analizar el caso tendrá que asumir que hay una afectación. El demandado deberá demostrar que es inocente, lo que contradice la lógica elemental del derecho en Estados Unidos. Este aspecto tiene los dados cargados, porque la precariedad del mercado laboral mexicano es estructural.

En consecuencia, ya se conoce el resultado de la comparación: En las manufacturas, los costos laborales de México representan 10 por ciento de los de Estados Unidos. Este no enfocará su lupa en el comercio al menudeo, los restaurantes, las gasolineras o la economía informal. Su objetivo es otro, desde el inicio se sabía: Estados Unidos va por la recaptura de la manufactura avanzada, particularmente del sector automotriz.

El tema de los agregados laborales no era lo central. Estados Unidos analiza el mercado laboral mexicano desde hace años. Lo puede hacer desde su embajada o a través de estudios elaborados por consultores o investigadores académicos de sus múltiples Centros de Pensamiento. Los potenciales agregados en la embajada coordinarán los trabajos, la investigación y la comunicación. La presión sobre México vendrá por otro canal. El mecanismo será equiparar los salarios, pretender que se alcance una convergencia entre lo que se paga en ambos lados de la frontera por un trabajo similar en sectores como el automotriz.

Pensar que ello beneficiará a los trabajadores en México es asumir que las empresas seguirán en el país aun perdiendo parte de los beneficios que tienen. El supuesto de Estados Unidos es que esto no ocurrirá, confían en que sus menores precios de energéticos e impuestos, junto con las restricciones impuestas por el presidente Donald Trump, incidirán en que las nuevas inversiones se realicen en su país. Si Trump se reelige, no se pueden descartar medidas fuera del T-MEC.

México debe enfrentar los nuevos retos con otra visión de política industrial, una basada en mejor educación, selección de sectores estratégicos, financiamiento, encadenamientos productivos, contenido nacional, innovación y combate a la competencia desleal.

La única parte rescatable del proceso de negociación del T-MEC es que finalmente concluyó, a partir de ahora el sector automotriz entrará en un periodo de cierta estabilidad, lo que traerá confianza en los inversionistas y podría derivar en una reanudación de proyectos detenidos, después de vivir momentos de especulación y desconfianza, ahora lo que esperamos es que el sector automotriz tenga la certidumbre que necesitaba para regresar a la dinámica económica que lo ha venido caracterizando históricamente, y que refleje un repunte considerable a partir del próximo año. 

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